Estrategias de enseñanza-aprendizaje

Si algo tenemos claro en Vírgula es que, como profes, queremos que nuestros alumnos aprendan. Nuestra tarea no es otra que acompañarles en el proceso y ponérselo más fácil. Y como aprender es una acto natural y necesario para la supervivencia y la adaptación, ¿por qué no aprovecharlo? En este artículo vamos a ver estrategias de enseñanza-aprendizaje que puedes aplicar a tus actividades para facilitar el aprendizaje significativo.

¿Qué son las estrategias de enseñanza-aprendizaje? 

Las estrategias de enseñanza-aprendizaje forman parte de nuestra metodología. Podemos, por tanto, incluirlas en la programación y serán un plus. Para dar una definición, podemos decir que las estrategias de enseñanza-aprendizaje son planes o normas que nosotros como docentes establecemos para tomar la decisión correcta en cada momento y alcanzar unas metas específicas dentro de nuestra materia. ¿Cuál es el objetivo aquí? Enseñar y que los alumnos aprendan. Como ya hemos visto en otro artículo, el aprendizaje ajeno no depende de nosotros, pero sí podemos facilitarlo. ¿Como? Con estrategias.

Tipos de estrategias de enseñanza-aprendizaje

Dependiendo del momento en que se utilizan y los procesos cognitivos que implican, tenemos: 

Pre-instruccionales

Antes de comenzar con la instrucción pura, es necesario activar de conocimientos previos y generar expectativas.

Generación de expectativas

El objetivo de estas actividades es motivar a los alumnos. Cuando alguien nos dice “¿quieres aprender a cortar jamón?”, nuestra atención se centra en lo que nos dirán a continuación, porque nos han creado unas expectativas. Claro, yo tengo que tener interés en aprender a cortar jamón para que la estrategia funcione. Así que debemos generar expectativas acorde a los gustos e intereses de nuestros alumnos.

Parece simple, pero presentar un índice de los contenidos que se verán en clase y los objetivos que se persiguen con ellos ayuda a los alumnos a enfocarse, a centrarse y a saber qué se espera de ellos. Si además les damos un contexto para explicarles de dónde sale lo que verán después o dónde les va a permitir moverse, le damos utilidad a los conocimientos. Con esto, les orientamos hacia la consecución de unas metas. Una vez alcanzadas, van a ser mejores porque podrán hacer cosas nuevas; estarán más formados y serán conscientes de que merece la pena.

En materias o sesiones prácticas, puede ser un buen inicio presentarles el resultado de la actividad que posteriormente se realizará en clase. El objetivo es el mismo, orientarles hacia una meta, de manera que en todo momento saben que el aprendizaje es útil, a dónde tienen que llegar y qué se espera de ellos.

Activación de conocimientos previos

Se trata de actividades donde los alumnos exponen cosas que ya saben. Sirve para captar su atención y para mostrar que los contenidos están relacionados con cosas que saben, que les incumben y que les interesan. Un ejemplo son las discusiones guiadas. Podemos plantear una pregunta que sirva de punto de partida. Los alumnos irán dando respuestas; el profesor guía la discusión (como su nombre indica) para no irnos por las ramas. Así, vamos acercándonos a aquello que nos ocupe en la sesión.

Otra opción es realizar una actividad focal introductoria, que puede combinarse con una discusión guiada. La diferencia es que la actividad focal introductoria utiliza algún tipo de recurso llamativo para captar la atención. Por ejemplo, podemos usar una canción y hablar sobre el ritmo y la melodía, lo que nos transmite o reflexionar sobre la letra. Después, en la parte instruccional, vemos las figuras literarias y somos conscientes de que la canción tenía algunas de ellas. Por tanto, la conclusión del alumno será: “aprender las figuras literarias me ayuda a entender mejor las canciones y a apreciar la poesía que hay en (algunas de) ellas. O sea que… ¡la poesía no es cosa del siglo XVI!”.

Co-instruccionales

Se utilizan durante la instrucción para orientar y mantener la atención, y para potenciar las conexiones externas.

Orientar y mantener la atención

Cualquier recurso que utilicemos para romper la monotonía será bueno. Las ilustraciones, los gráficos o las tablas siempre serán útiles, pues ayudan a visualizar conceptos abstractos, a ordenarlos y a relacionarlos. En realidad, cualquier manifestación visual es beneficiosa, ya que nuestro cerebro, antes que en palabras, piensa en imágenes. Haz la prueba: piensa en “elefante”. Seguro que lo primero que viene a tu mente es la imagen de un elefante.

Otra forma de orientar y mantener la información es hacer preguntas intercaladas o señalizar lo que es importante. “ESTO ENTRA EN EL EXAMEN” es sinónimo de todas las miradas dirigidas a la pizarra, ¿verdad?

Conexiones externas

Es la forma de conectar el contenido con la realidad (y si puede ser, con la realidad del estudiante). ¿Cómo lo conseguimos? Con analogías, metáforas, ejemplos como la canción de antes, páginas web, actividades extraescolares, etc. Si estudiamos la luz y decimos que la luz blanca está formada por luces de otros colores, es obligatorio añadir que esos colores son los del arco iris. Cada vez que vean un arco iris, ¡se van a acordar! Y lo que es mejor, van a entender por qué se forma el arco iris y por qué se ven esos colores y no otros. Si, en cambio, hablamos de fractales, daremos la imagen de un árbol. En definitiva, haremos los conceptos visibles y cercanos a su experiencia. De esta forma, les será más fácil comprenderlos e integrarlos en su memoria.

Post-instruccionales

Una vez que ya hemos explicado los contenidos, debemos ayudar a organizar la información.

Organización de la información

Esta es una estrategia pre- o post-instruccional. Si la usamos al principio, nos permitirá presentar sintéticamente lo que veremos después. Tiene el mismo funcionamiento que el índice de contenidos y objetivos. Si lo aplicamos después de la instrucción, nos ayudará a quedarnos con las ideas clave, ordenadas y asociadas entre ellas, para que entre como un paquete unitario en nuestra memoria y ya no salga más. ¿Por qué? Porque lo habremos comprendido e integrado a nuestros conocimientos previos, si los teníamos. Si no, se creará un nuevo campo en nuestro cerebro, que llenaremos poco a poco.

Cuanto más aprendemos, más fácil nos resulta aprender. Nuestro cerebro puede crear y reorganizar sus conexiones para acoger cualquier nueva información. Por eso “el saber no ocupa lugar”.

Ideas finales sobre las estrategias de enseñanza-aprendizaje

“Diles lo que les vas a decir, díselo y diles lo que les has dicho”. 

Disponemos de tres momentos para aplicar nuestras técnicas de enseñanza-aprendizaje: antes, durante y después de la instrucción propiamente dicha. La repetición también es un elemento importante en la enseñanza. Sobre todo porque las palabras se las lleva el viento. Por ello, ya hemos dicho, es importante apoyar el discurso con imágenes. Además, cuanto más acerquemos el contenido a la realidad del alumno, ¡mejor lo aprenderá! 

Lo realmente fascinante es que puedes aplicar las estrategias que quieras y como quieras a tu programación didáctica

Aquí tienes un esquema que puedes consultar mientras diseñas tus unidades 😉

  1. Pre-instruccionales: 
    • Activar de conocimientos previos:
      • discusión guiada
      • actividad focal introductoria
    • Generar expectativas
      • índice
      • contexto
      • resultados
  2. Co-instruccionales: 
    • Orientar y mantener la atención
      • señalización
      • preguntas clave
      • ilustraciones
      • gráficos…
    • Potenciar las conexiones externas
      • contexto
      • analogías
      • metáforas
      • web…
  3. Post-instruccionales: 
    • Organizar la información
      • esquemas
      • mapas mentales
      • resúmenes
      • ideas clave…

Bibliografía: Campos, Y. (2000). Estrategias de enseñanza aprendizaje.

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